| Desde siempre, las ciudades son las que soportan el gran peso demográfico
y la invasión de toda una serie de avances tecnológicos
que implica, en algunas ocasiones, una amenaza existente que pone en peligro
la imagen propia que una ciudad debe mostrar.
Las consecuencias de albergar una sociedad industrializada y moderna comporta
una serie de dificultades que deben ser afrontadas todos los días.
Problemas que presentan las grandes aglomeraciones urbanas es la enorme
cantidad de residuos que generan, vivir en una ciudad limpia es un hecho
que beneficia y satisface a toda la población.
Las ciudades son como ecosistemas abiertos, necesitan proveerse de una
gran cantidad de recursos: primeras materias, alimentos, energías...
Pero seamos realistas, las ciudades son también grandes mecanismos
excretores. De todo lo que desechan tan solo se recicla una parte.
Si no se organiza una recogida selectiva y de reciclaje adecuada, las
botellas, el papel, las latas, el plástico y los residuos orgánicos,
se amontonan en los vertederos que muchas veces llegan a saturar valles
enteros.
Pero una ciudad limpia, implica muchos más aspectos a tener en
cuenta además de los relacionados con un estereotipo que debería
estar caracterizado por la ausencia de toda clase de suciedad.
En los últimos años, la presión humana ha potenciado
que se incrementen los niveles de contaminación, la sobreexplotación
de recursos naturales, la producción de todo tipo de residuos...
Toda una serie de desencadenantes que ocasionan un desequilibrio que pone
en peligro la salud de nuestro planeta, aunque inevitablemente sea un
estilo de vida que se halla implícito en las sociedades desarrolladas.
Este fenómeno comienza a ser una amenaza obvia, donde el verdadero
problema radica en la lenta progresión de sus efectos que no llegan
a ser percibidos por la sociedad en un presente.
Desde luego, este breve texto nada más aborda una pequeña
parte de todo este holocausto.
Seleccionar y producir menos residuos urbanos está al alcance de
cualquiera. Entre todos, tenemos que colaborar con pequeñas dosis
para combatir las enfermedades que sufren nuestras ciudades. Si el problema
tiene tratamiento y el principal causante es la sociedad, de forma firme
es necesaria la implicación de todos los ciudadanos por aportar
actitudes responsables que contribuyan a la mejora de nuestra ciudad.
El futuro de las ciudades depende de nosotros, de las políticas
urbanas y de la gestión de sus recursos.
Gobernar o gestionar la ciudad, implica decidir las pautas o normas de
convivencia, garantizar la seguridad de los ciudadanos, proyectar sobre
su futuro y resolver los problemas que puedan surgir como consecuencia
de las distintas actividades que se desarrollan en nuestras vidas.
En ests sentido, el ayuntamiento es la institución encargada de
la gestión de la ciudad, los políticos son las personas
que llevan a término la política urbana y nosotros somos
los principales interesados, simplemente hemos de adquirir conciencia
y responsabilidad sobre nuestros actos con el fin de ayudar a minimizar
los problemas.
Tal vez, el llegar a estar bien informados sobre lo que significa realmente
una ciudad limpia, sirva como una especie de inyección de energía
de cara a movilizar a la población a su necesaria participación,
con el fin de beneficiar a un consorcio inseparable formado por los ciudadanos
y ciudades, entidades distintas, pero que comparten sin duda, unos intereses
comunes de por vida.
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